|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++---------------------------------------------------------------------------------------------------------||||+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++----------------------------------------------------------------CAJÓN DESASTRE.--------------------------------------------Justo Ruiz Granados.--------------justocup@gmail.com
martes, 22 de enero de 2013
---> Velódromo Vigorelli. Concurso no presentado.
Estos dibujos fueron realizados durante la noche del 26 de octubre de 2013. El día siguiente ocurrió algo maravilloso y el proyecto no se presentó a concurso.
Justo Ruiz Granados
sábado, 19 de enero de 2013
---> La casa ideal de Robert Louis Stevenson
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| Diagrama de la finca de R.L. Stevenson en Vailima. Samoa. Autor desconocido 1889 |
“No existen tierras extrañas. Es el viajero el único que es extraño”
R. L. Stevenson
“Un hombre no debe negar sus
capacidades manifiestas, porque significa evadir sus obligaciones”
R. L. Stevenson
Robert Louis Stevenson fue una persona de alma errante, imaginativa y
viajera pero su cuerpo siempre estuvo aferrado al refugio que le ofreció el
hogar, -“el hogar está allá donde esté el corazón”-. Stevenson jamás escribió
en su casa ideal pero si la proyectó desde su propio interior como el lugar
imaginado en donde crear sus quimeras y ser íntegramente uno mismo.
No nos engañemos, se trata de una conjunción inalcanzable para todos los
mortales. Por su propia definición, la casa ideal solo puede imaginarse.
Construirla es tarea de los sueños y, que para bien o para mal, estos no son de
este mundo.
Un recinto ajardinado, como patria verdadera; un “diván-viajero”; cinco mesas bien estructuradas; tan sólo una
ventana al exterior; un amplio desván para asuntos ociosos y creativos; los
libros de siempre, aquellos que no envejecen,… R. L. Stevenson proyecta su casa
ideal para el cuidado y custodia de sí-mismo. Igual que una isla encierra un
tesoro.
Justo Ruiz Granados
Madrid, 17 de enero de 2013
Fragmentos de LA CASA IDEAL 1884 (1)
Por ROBERT LOUIS STEVENSON
“ Dos cosas son necesarias en
cualquier paraje donde nos propongamos pasar la vida: soledad y agua.”
“… es posible disfrutar de la
grandeza a escala reducida, pues el ojo y el espíritu utilizan medidas
diferentes.”
“… un riachuelo es el mejor
adorno de una morada”
“… la nacionalidad donde hayamos
de vivir es lo de menos; al fin y al
cabo en el interior de un jardín podemos construir nuestro propio país.”
“… lo ideal consiste en
encontrar un vetusto jardín, cultivado antaño con infinito esmero y sumido
desde entonces en el abandono, e intentar, no reparar, sino mantener
cuidadosamente ese abandono.”
“… el jardinero habrá de ser un
hombre ocioso y con afición a la horticultura: un jardinero sesudo y laborioso
falsearía el paisaje y uno atildado se meterá en donde no le llaman.”
“… una regla áurea aconseja
cultivar el jardín con el olfato y el oído,… sin embargo el precio pagado por
privar de su libertad a tan ardientes y aladas criaturas hará que este lujo sea
demasiado caro para un amante absoluto del placer.”
“… una casa con más de dos pisos
no es una casa, es un cuartel, la casa ideal es la de un solo piso.”
“… la casa puede ser pequeña
pero las habitaciones grandes; una simple habitación de techo alto, espaciosa y
bien iluminada es más señorial que un palacio atiborrado de cuchitriles y
alacenas.”
“… una casa de dimensiones
correctas y de caprichoso trazado es grata para el organismo.”
“… el recibimiento debería
contar con abundante huecos y apartados, ya que estos son muy discretos lugares
para conversar.”
“… una larga pared con un diván:
pasar el día tendido entre un universo de cojines es tan placentero como
viajar.”
“… el comedor: desamueblado; tan sólo un aparador, una mesa,
las sillas necesarias y una chimenea de
azulejos para el invierno.”
“… las paredes de los pasillos
pueden estar totalmente cubiertas de libros... una chimenea y una ventana, tal
vez la única de la casa.”
“… el estudio, el lugar de
trabajo, con muros recubiertos de estanterías con libros, las cuales llegan
hasta la cintura, y la parte superior del mueble forma una mesa adosada a la
pared.”
“… la habitación es muy
espaciosa, con cinco mesas y dos sillas
que no son más que islotes.”
“… cinco mesas: una para el
trabajo que se realiza en un momento dado; otra, contigua a la anterior para los libros de consulta que
se utilicen; otra, muy amplia, para manuscritos y pruebas que esperan su turno;
otra debe permanecer vacía para cualquier eventualidad; y la quinta es la mesa
cartográfica, que cruje bajo un manto de mapas y cartas a gran escala…, estos
son, de todo el material impreso, el más adecuado para estimular y complacer la
imaginación.”
“… la silla en que uno se sienta
a trabajar debe ser muy baja y cómoda.”
“… todo el desván de la casa
forma, de parte a parte, un solo aposento; aquí se han instalado mesas sobre
las que se pueden moldear territorios imaginarios o reales en masilla o
argamasa con excelentes utensilios y pigmentos, un banco de carpintero y un
rincón disponible para la fotografía.”
“… la pequeña habitación para
las veladas invernales: en tonos cálidos y fuertes,… una chimenea, los asientos
y sofás profundos y acogedores; una mesa para los libros del año; y tres
estantes llenos de esos libros eternos que nunca envejecen: Shakespeare, Molière,
Montaigne, Lamb, Stern,… Las mil y una noches, el Conde de Montecristo.”
“… los dormitorios grandes,
aireados, sin muebles, con suelos de madera barnizados.”
Fragmentos de LA CASA IDEAL 1884
Por ROBERT LOUIS STEVENSON
(1)La casa ideal y otros textos. Robert
Louis Stevenson 1884. Traducción de Santiago R. Santerbás, María Condor y Antonio Iriarte Jurado. Ediciones Hiperión. Madrid 1998.
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| 8 Howard Place, Edinbugh. Casa en donde nació R. L. Stevenson 1850 |
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| Mont Vernon, Hampstead, London, Abernethy House |
| Saranac Lake. NY. 1887 |
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| Monterey. California |
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| Monterey. California |
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| En el Equator, rumbo a la Polinesia. Maleta de Stevenson |
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| Islas Sandwich |
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| Casa de Stevenson en Vailima. Samoa. Foto John Davis 1889 |
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| Casa de Stevenson en Vailima. Samoa. Foto John Davis 1889 |
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| Casa de Stevenson en Vailima. Samoa. Foto John Davis 1889 |
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| La familia Stevenson en Vailima junto al personal de servicio |
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| Casa del Parlamento. República de Mariki. Gilbert Islands. Foto John Davis con Robert Louis Stevenson. 1889. |
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| Mont Vaea. 1889 |
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| Robert Louis Stevenson |
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| Tumba de R. L. Stevenson en la cima del Mont Vaea. 1894 |
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| Dibujo de Robert Louis Stevenson que ilustra "La Isla del Tesoro" 1880 |
miércoles, 12 de diciembre de 2012
---> CERO
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Zero, de Jasper Johns, óleo y collage sobre lienzo, 25.4x20.3 cm. 1959,
Estados Unidos
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El cero, concepto
que indica la ausencia de valor, es también algo rico y vital. Un vacío cuya
presencia se siente. Absoluto, potencial y al mismo tiempo es nada.
Su invención es sin duda uno de los mayores logros de la
humanidad y su aportación al pensamiento humano resulta incuestionable. La
naturaleza del concepto cero resulta
profundamente filosófica.
El signo numérico cero
no tiene valor por sí mismo pero ocupa el lugar de los valores ausentes. Los
mayas descubrieron el concepto del cero
y su empleo 1000 años antes de que nada parecido fuese conocido y empleado en
Europa. Se representaba mediante una concha o un caracol, símbolo de la
regeneración periódica, igual que la luna. “El
cero es el momento de la
desintegración de la semilla del maíz en la tierra antes de que la vida se
manifieste de nuevo. Es el momento posterior al sacrificio terrestre y previo a
la resurrección celestial” (1) . El cero es un instante en la
inversión de polarización. El gran mito de la regeneración cíclica está
resumido en el simbolismo del cero
maya.
El cero es también
el glifo universal de la atemporalidad y la inmovilidad de lo eterno, de la
permanencia del ser a través de las fluctuaciones del cambio. Siendo la nada,
al mismo tiempo, el cero contiene en
sí la evolución de la vida.
El cero apareció por primera vez en Babilonia, en tablillas
de escritura cuneiforme datadas en el año 1800 a.c. y su valor ya era nulo. En
notación posicional ocupaba los lugares donde no había una cifra. Posteriormente se le representó mediante dos cuñas
cuneiformes, muy semejante a la forma actual del cero.
No obstante, es en la India del S.VII (2) cuando empieza a revelarse el verdadero genio y la imparable
progresión del cero hacia el mundo
concreto de la geometría, la abstracción algebraica, las matemáticas o la
música. El avance del pensamiento científico no hubiera sido posible sin el
concepto cero.
Cero (sunya, en sánscrito) es el vacío que está detrás de todas las
apariencias. Su raíz (hinchar) connota que se trató mitológicamente de un vacío
capaz de engendrar todas las cosas. El cero
es femenino, la matriz potencial, el perfecto huevo cósmico para C. G. Jung.
El mundo de habla árabe lo llamó sifr (cifra en
castellano) y lo transmitieron a Al-Andalus y posteriormente al resto de
Europa. Los primeros manuscritos que muestran las cifras indias (llamadas
entonces “árabes”) provienen del norte de España y son del siglo X: el Codex Vigilanus y el Codex Aemilianensis.
En Europa, el cero
(zefhirum), comenzó a difundirse
hacia el año 1000 y su adopción planteó un cisma en el pensamiento de la Edad
Media, ya que el concepto cero “introducía el horror de la nada en la
plenitud de la creación divina” (3) y
ponía en duda la armonía de las esferas de Aristóteles. “El cero desafía a la
lógica por cuanto sugiere al mismo tiempo el vacío primigenio y el abismo del
infinito” (4). El matemático
italiano Fibonacci hace uso del cero en su introducción al álgebra
árabe (5), fue tildado de mágico,
embrujado y demoniaco. Convendría aclarar que por entonces el uso del ábaco era
comúnmente extendido y aceptado tanto por calculadores, clérigos y comerciantes,
sistema éste que no contempla el cero
para el cálculo. El uso por parte de Fibonacci del cero supuso un cambio de paradigma fundamental en el pensamiento
occidental. Científicamente, el invento
renacentista del espacio infinito de la perspectiva se basa en el vector cero del punto de fuga. Sin cero, no hay perspectiva, y así lo
atestiguan Durero o Piero della Francesca.
Es en el cero
absoluto donde cesa todo movimiento molecular y al mismo tiempo representa la
infinitud del agujero negro. El punto cero
del vacío en la mecánica cuántica es la ilimitada energía de un sistema, el cero cósmico del big bang, la creación del universo a partir de la nada. El cero es positivista y metafísico a la
vez.
Ordenadores, teléfonos,… basan sus funciones en el código
binario de unos y ceros, pulsaciones
y silencios. Curioso, inquietante y solemne es el concepto del cero, que sin tener valor por sí mismo
confiere valor y potencias a otros.
El cero no es la
negación absoluta, es una carencia de oposiciones y contrastes, la ausencia de
dinamismo. En el cero subsisten
distintos estados de manifestación, el cero
es la nada pero “permanecen conscientes
todas las posibilidades consideradas. El abismo del cero-nada deviene visible
en cada brecha de la existencia, en cada transformación de la realidad, en cada
crisis, sufrimiento, metamorfosis, en cada cambio de forma, o en cada vez que
el estado de una cosa es alterado, el abismo de la nada es atravesado y se hace
visible durante un instante” (6), pues nada puede cambiar sin producirse
el contacto con esa región del ser absoluto que es el cero.
“La prueba de Dios
habría que buscarla en el encuentro del vacío con el infinito” (Descartes) (7), y ahí está el cero:
punto de equilibrio entre lo negativo y lo positivo.
Gráficamente, un concepto tan complejo como es el cero, fue diseñado del modo más
sencillo. Todas sus significaciones están implícitas en su genial abstracción
tipográfica, inconscientemente inspirada en el mythos.
Un profundo vacío, el espacio no activado, el tiempo
detenido, la idea en potencia, la ausencia de materia, una barca sin remos en
la Estigia entre el Hades y el cielo, el preciso instante del ahora y la eternidad
en la nada. El cero representa la
nulidad, la inexistencia,… la muerte, y al mismo tiempo es una presencia energética latente hacia la vida.
Todo esto, y nada, es el cero.
Justo Ruiz Granados
Madrid 10 de diciembre de 2012
0
(1). Jean
Chevalier y Alain Gheerbrant. Dictionnaire
des symboles. París, 1969
(2). Abu Ja’far Mujammad Ibn
Musa. Tratado de la adición y la
sustracción mediante el cálculo de los indios, 810 d.c.
(3). Robert Kaplan. The Nothing That Is: A Natural History of Zero. Oxford, 2000
(4). Charles Seife. Zero: The Biography of a Dangerous Idea. New York, 2000
(5). Leonardo de Pisa, Fibonacci.
Liber abaci. Pisa, 1202
(6). Joseph ben Shalom de Barcelona, S. XIII.
(7). The Archive For Research In Archetypal
Symbolism (ARAS)
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