martes, 13 de septiembre de 2011

---> LZ-129. Hindenburg Led Zeppelin.



Bello animal este Hindenburg Led Zeppelin.

Una gigantesca ballena voladora con esqueleto de hierro. Un elefante de hidrógeno y helio. Estupenda dicotomía entre lo grande y lo volátil. De efímeras cuadernas fuertemente forjadas en aluminio, cobre y silicio (duraluminio). Un poderoso pero patoso animal, contradicción en sí misma hecha realidad. Unas necesarias pero, a ojos vistas, ridículas escalas y contrapesos. Cientos de cimbras y andamios de madera para dar forma a un titán hijo y nieto de la pala, la carreta y la trinchera. Un panzudo bólido a 130 Km/h de velocidad sobre el Atlántico. El objeto volador más grande jamás construido parido del vientre de un colosal hangar de acero. Un elegante y maravilloso gordinflón de 245 metros de largo y 40 de diámetro, pero más ligero que el soplido de un bebé. El Panteón extruido mediante polvo de aluminio y acetato. Sutil, avezado y como de puntillas el baile de un gigante con la música de Los Planetas de Gustav Holst. Una sala de fumadores en el interior de un monstruoso tanque de hidrógeno altamente inflamable: el infierno sobre el cielo. Un experimentado pianista teclea un piano de aluminio para aligerar el peso (pero la música no pesa). La esvástica del Tercer Reich sobre Manhattan: el delirio de Charles Lindbergh, aquel aviador del Spirit of St. Louis, amigo de Hitler y que pudo decidir el curso de la 2ª GM si Franklin Delano Roosevelt no se hubiera presentado a su tercer mandato. El Hindenburg quiso superar a su padre: el heroico Graf Zeppelin (más de 600 viajes, 150 transatlánticos, estableciendo la primera línea regular con América, la primera aeronave en dar la vuelta al mundo en 1929, y en sobrevolar el polo norte) pero el hijo caería del cielo igual que lo hizo Ícaro. Jesse Owens silenció sus potentes motores Daimler-Benz de 1200 CV durante los juegos olímpicos del 36. Sus cuerdas de amarre: Cástor y Pólux, hijos de Leda, hermanos de Helena de Troya, toman tierra y prenden la mecha del fuego de San Telmo. El monstruo se hunde lentamente. Un helado devorado por las llamas. La electricidad estática fulmina esta bárbara e ingenua obra de arte que engendró la ambición en tan sólo 30 segundos. Ícaro tardó menos en caer o se arrojó desde más alto, quizás por eso se salvaron 62 personas. El Titanic jamás volvería a reflotarse.


Justo Ruiz Granados



















3 comentarios:

  1. que hermoso. Algun dia si tengo el suficiente poder construire uno

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  2. Hola Juan,
    Sería estupendo poder reconstruirlo aunque no se hasta que punto sería útil más allá de la belleza que supondría verlo volar silenciosamente.
    Un saludo
    Justo

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  3. su final si fué una lastima

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